EL TRATADO DE LISBOA: EL ORIGEN

Posted on 5 octubre 2009

0


Artículo publicado el 26 de setiembre de 2009 en Tinta Digital (publicación original aquí).

Irlanda votará el 2 de octubre si ratifica vía referendum el Tratado de Lisboa, otra vez. Todo apunta a que así será aunque las últimas encuestas dan una votación muy igualada. Por otra parte las dos cámaras del Parlamento alemán han aprobado el tratado, aunque ahora se encuentran con una posible incompatibilidad con su Constitución que de cualquier forma no evitará que acaben arreglándolo y dando el sí.

Quedarán entonces por ratificarlo la República Checa y Polonia, sus parlamentos correspondientes han dado el visto bueno, pero sus presidentes no lo harán hasta que Irlanda y Alemania lo hagan. Por tanto sólo es cuestión de tiempo y parece que no demasiado.

El origen del problema

El inicio de esta carrera de fondo es la enorme decepción que supuso para el proyecto de la Unión Europea que Francia y Holanda votaran ‘no’ a través de sendos referéndums al Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, más comúnmente conocida como Constitución Europea. Esto provocó una pequeña crisis institucional, puesto que la guía de futuro de la UE se había basado en esta Constitución y dichos reveses dejaban al continente sin referentes claros.

Tras unos meses sin una guía a seguir, fue la presidencia alemana la que dio los primeros pasos para el nuevo camino a continuar por la Unión Europea: éste vendría en forma de un tratado clásico que introduciría nuevas enmiendas en los dos tratados vigentes, el Tratado de la Unión Europea y Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea, que se convertirán en el Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión. Además de estas actualizaciones la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea pasaría a ser vinculante judicialmente al ser nombrado por el nuevo tratado.

Fue entonces cuando Portugal cogió el relevo de Alemania en la presidencia de la UE y continuó con su trabajo hasta que el 13 de diciembre de 2007 el Tratado fue firmado por los Estados Miembros. Y así empezó el proceso de ratificación en el que nos encontramos todavía, año y medio después.

Una Constitución sin Consitutición

Este Tratado es una continuación de la Constitución Europea: sin ser un texto constitucional de facto, sí pretende acoger las ideas básicas que tenía el texto originario e incluirlo con las reformas de los tratados ya existentes. El temor al rechazo a la palabra ‘Constitución’ ha sido la que obligó a que fuera presentada con otro aspecto y a cambiar el nombre del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea, eliminando la palabra constitutivo de la cual parecen huir todos.

El miedo y el nerviosismo de los Estados Miembros es palpable en lo que a este tema respecta, pues la situación institucional está bloqueada. Con el nuevo tratado se modificarán parte de las instituciones; de hecho, el presidente de la Comisión, el recién elegido Barroso, perderá poder a favor del nuevo cargo creado, el presidente de la Unión Europea, cambios que nadie sabe realmente cómo pueden afectar a la burocracia básica de la Unión.

Son por tanto unos cambios importantes que modificarán el panorama de toda Europa y la encaminará hacia un nuevo lugar. Y todo ello debido al ‘no’ de dos países. Y es que en la Unión Europea, o comemos todos o no come nadie.

Anuncios
Posted in: Política