ESTUDIANDO HUMANOS

Posted on 3 diciembre 2008

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Un bisturí se introduce con delicadeza en el cuerpo, poco a poco va surcando delicadamente la piel, creando una incisión, larga y profunda. De ella, no sale sangre, es una herida totalmente estéril. Entra en juego unas manos que separan las dos partes, mostrando el interior del delicado cuerpo: sentimientos, necesidades, seguridad, autosuficiencia… Cada órgano se encuentra en perfecto estado, bombeando al cerebro sus notas musicales, en una armonía completa. El cirujano coje una lupa y comienza a investigar cada uno de ellos por separado, anota, rectifica, y dicta al micrófono de la grabadora, que cuelga del techo. Durante horas estudia hasta el más mínimo de los detalles de cada milímetro del interior de aquel hombre. Cuando termina, delicadamente vuelve a colocar cada parte en su sitio, cierra la herida y la sutura con la habilidad que otorgan los años de experiencia, de manera, que no queda marca alguna.

El hombre despierta en su cama, no nota nada extraño, no recuerda nada de lo ocurrido por la noche, en esa misma habitación. Como cada mañana, va al baño, se viste, desayuna y sale por la puerta de su casa para dirigirse a trabajar. Pasa el día laboral, y por la tarde regresa después de la dura jornada. Al llegar, lo primero que hace es sentarse en el sofá, sus sagrados minutos de descanso frente al televisor.

Es la hora de uno de sus programas favoritos, pero antes, unos anuncios. El hombre se revuelve incómodo en su asiento, tiene ganas de ver su programa, no anuncios; pero, he aquí, que de repente una suave voz inunda la habitación, aquella voz le recuerda a la de su primera novia, Carmen. El hombre dirige la mirada hacía la pantalla, esta está inundada de color azul, su favorito, y con una música que se le clava en la cabeza, y que tarareará durante todo un mes, le ofrecen justo lo que siempre ha deseado, pero nunca ha necesitado, o era lo que siempre ha necesitado, pero nunca había deseado. El hombre no lo sabe, lo único que sabe es que sólo podrá ser feliz comprándolo. Por ello, coje el teléfono, marca el número, y de uno en uno dicta cada número de su tarjeta.

Al otro lado de la pantalla, un hombre trajeado de negro se acerca al doctor, le da la mano y unas palmaditas en la espalda. De nuevo, lo ha vuelto a conseguir. Y es por eso, que seguirán confiando, y contratando, en su agencia.

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Posted in: Juego