COMETIENDO FALTAS

Posted on 13 octubre 2008

0


Victor Claver machacando ante un acento mal puesto

Claver machacando ante un acento mal puesto

En el baloncesto no se pueden cometer más de cinco faltas personales, a la quinta te expulsan y no puedes seguir jugando. Por ello los jugadores van con cuidado de no cometerlas, conocen las reglas, saben cuando se las pitarán, saben lo que tienen que hacer para no hacerlas, aún así muchas veces, inconscientemente y sin pensar, las hacen. Con las faltas de ortografía pasa lo mismo.

Quizá si a la quinta falta de ortografía el ordenador te expulsara y no pudieras teclear, o el bolígrafo se rebelase y dejara de escribir, iríamos con más cuidado. No ponemos atención cuando escribimos, esto lo digo también por mi mismo, sólo había que echar un vistazo a las dos entradas anteriores antes de la corrección.

Podríamos dividir las faltas en dos bloques, como en baloncesto. Las que cometemos por ignorancia, al no saber como se escribe una palabra o por desconocer una norma ortográfica, y las que cometemos por descuido, por no fijarnos bien al escribir y/o no repasar el texto. Las primeras podrían ser más perdonables, pero no menos leves. Volviendo al símil del baloncesto, si cometes una falta por que no saben que tocar a un jugador que está en el aire es falta, la falta será de la misma gravedad aunque quizá el entrenador te de unas palmadas en la espalda y te diga: “ahora ya lo sabes, la próxima vez no lo hagas”.

En cambio, por qué nos descuidamos y no nos fijamos, incluso cuando no sabemos algo, en vez de mirar como se escribe de manera correcta, vamos directos a escribir lo que creemos que está bien. Algo ocurre para esta desidia.

Me aventuraria a lanzar algunas ideas al respecto. Las nuevas generaciones viven (vivimos) en la era digital, donde todo ocurre rápido, hoy en día vivimos en la época del fast-live. Comida que se haga en cinco minutos para comérsela en dos, alta velocidad de internet para bajar las películas que nunca veré más rápido, más canales para poder zapear a mayor velocidad sin pararme en ningún canal más de tres minutos, móviles que te ponen las palabras solas antes de terminar de escribirlas, incluso que se convierten sin necesidad de ayuda en s idma tn fmoso n l k tod s cntrae asta l xagracion.

Somos la generación donde todo lo queremos hacer rápido, sin importar si lo hacemos, bien o mal. Como rezaba James Dean: “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadaver”. En nuestro caso el idioma es el cadáver.

Anuncios
Posted in: Opinión